martes, 27 de octubre de 2015

                                                           
                                  Fascismo En España

                                                              INTRODUCCIÓN

 Si hay un epíteto que puede describir con eficacia el fascismo español no hay calificativo más adecuado que el de “mutante”. El fascismo es el ideario político más radical, agresivo y exclusivista de todo el siglo XX, al punto de sumergir a la civilización occidental en uno de los conflictos más cruentos y trágicos de toda la centuria. Si la Segunda guerra mundial pone fin a los dos ejemplos paradigmáticos del fascismo en estado puro (Alemania e Italia), en España no se produjo tal purificación, puesto que el franquismo sobrevive y, aunque el empeño del dictador desde 1945 sea ocultar todo signo fascista del régimen, este credo sigue suponiendo un apoyo de primer orden. Examinadas las obras útiles para la realización del presente estudio, no parece caber ninguna duda acerca del carácter original del fascismo político en España. Este ideario político no llegó a fraguar plenamente en tiempos de la Segunda República debido a la fuerte cohesión de la clase obrera en el marco del movimiento sindical socialista y libertario, así como ante la patente indiferencia de una burguesía que opta por las ideas progresistas o por un ideario conservador 


                                                         Fascismo y Segunda República.

Fascismo y Segunda República. El 14 de abril de 1931 se proclama la Segunda República española. Junto con cierto ánimo de revancha por parte de los sectores políticos progresistas (ánimo que deriva en la praxis en una mezcla de desmedida torpeza contra unos sectores minoritarios que ganan mártires para la causa, e inexplicable pasividad, tibieza o indiferencia ante otros, caso de los renacidos carlistas, que sí suponen una auténtica amenaza), España se ve afectada por la crisis económica global. En este ambiente, y tras la confusión en que está sumida la derecha nacional, comienza una lenta reorganización de los sectores políticos más conservadores y reaccionarios. El primer hito puramente fascista en esta reorganización lo encontramos el 10 de octubre de 1931 con la fundación de las Juntas Obreras Nacional-Sindicalistas (JONS) bajo el liderazgo de Ramiro de Ledesma (un joven cartero, con cierta brillantez intelectual que se licencia en filosofía en 1930) a quien se une Onésimo Redondo Ortega, quien en agosto de ese mismo año había fundado las Juntas Castellanas de Actuación Hispánica (JCAH) de inspiración abiertamente nazi, al punto de preconizar un marcado antisemitismo en un país que ya no tenía judíos desde tiempos medievales





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